El déficit de la Caja Fiscal, el sistema que paga las jubilaciones y pensiones de los empleados públicos paraguayos, continúa creciendo pese a la reforma sancionada apenas unos meses atrás. Al cierre de junio de 2026, el saldo negativo acumulado alcanzó 1,31 billones de guaraníes, equivalentes a unos 217,2 millones de dólares, con un aumento cercano al 7% respecto al mismo período del año anterior. La cifra desnuda la profundidad de un problema que la Ley 7633/2026, que reformó el sistema en marzo, todavía no logra revertir.

El costo de sostener ese desequilibrio recae sobre el conjunto de los contribuyentes. Para cubrir el agujero, el Tesoro elevó 14% las transferencias destinadas a la Caja Fiscal, que totalizaron 2,5 billones de guaraníes, alrededor de 428,1 millones de dólares. Es decir, una porción creciente de la recaudación tributaria general, que en teoría debería financiar obras y servicios, termina volcándose a tapar el déficit previsional del sector público.

La raíz del problema es estructural y se resume en una relación demográfica adversa. El sistema cuenta con apenas 3,1 trabajadores activos aportando por cada jubilado que cobra, una proporción demasiado estrecha para equilibrar las cuentas. Cuando la cantidad de quienes reciben beneficios crece más rápido que la de quienes aportan, el déficit se vuelve una tendencia difícil de contener con ajustes parciales.

Los especialistas consultados coinciden en dos puntos. Por un lado, sostienen que todavía es prematuro evaluar el impacto pleno de la reforma, cuyos efectos recién comenzarían a notarse con la incorporación progresiva de empleados públicos y contratados como nuevos aportantes, un proceso que se extendería hasta 2028. Por otro, advierten que el aumento permanente del déficit responde a una falla estructural del sistema previsional paraguayo, y que la solución no puede limitarse a la Caja Fiscal, sino que exige avanzar hacia una reforma integral de todo el esquema de jubilaciones del país.

El caso constituye la principal grieta en el relato de disciplina fiscal que sostiene Paraguay. Mientras el país exhibe una deuda pública baja, el grado de inversión ratificado por las calificadoras y un crecimiento que lidera la región, el desequilibrio previsional opera como un pasivo silencioso que presiona las cuentas año tras año. Resolverlo de fondo es la condición para que la solidez macroeconómica que hoy distingue a Paraguay se sostenga también en el mediano y largo plazo.