El subsuelo paraguayo ha emergido sorpresivamente en el tablero de la geopolítica de los recursos estratégicos globales. La confluencia entre los estudios geológicos del complejo alcalino carbonatítico de Cerro Chiriguelo en el departamento de Amambay y las campañas de prospección geofísica sobre 2 millones de hectáreas en el Chaco occidental ha encendido el interés de corporaciones mineras internacionales y potencias industriales. En Cerro Chiriguelo, una imponente estructura anular de 6 kilómetros de diámetro ubicada en las proximidades de Pedro Juan Caballero, los análisis de laboratorio y testigos de perforación confirmaron concentraciones anómalas de óxido de niobio de hasta 0,45%, acompañadas por elementos del grupo de las tierras raras como neodimio, lantano y cerio. En paralelo, en las planicies áridas del Chaco, consorcios de capital canadiense ejecutan programas de exploración intensiva para evaluar la existencia de salmueras profundas enriquecidas con litio, posicionando al país en la antesala de una nueva frontera extractiva de minerales críticos.
La base geológica de estos recursos responde a procesos magmáticos y sedimentarios de escala continental. El complejo de Chiriguelo, al igual que el cercano Cerro Sarambí, constituye un intrusivo volcánico de edad cretácica emplazado en el basamento precámbrico paraguayo, cuyas rocas carbonatíticas sufrieron millones de años de meteorización e intemperismo químico que concentraron los minerales pesados en horizontes arcillosos residuales. Estos elementos de tierras raras y el niobio representan componentes insustituibles para la fabricación de imanes permanentes de neodimio hierro boro, motores de tracción para vehículos eléctricos, generadores de turbinas eólicas y aleaciones de alta resistencia térmica para la industria aeroespacial y sistemas de guiado de defensa. En el caso chaqueño, las cuencas sedimentarias profundas de Pirity y Carandayty albergan formaciones hidrogeológicas donde la prospección aérea busca salmueras con concentraciones iónicas aptas para la extracción directa de litio para baterías.
El interés internacional sobre estos yacimientos se inscribe en la encarnizada pugna geopolítica entre las principales potencias mundiales por el control de las cadenas de suministro. Con la República Popular China concentrando más del setenta por ciento del procesamiento y refinación mundial de tierras raras, los países occidentales han desplegado una política activa de diversificación geográfica y relocalización de suministros en naciones aliadas. En febrero de 2026, Paraguay suscribió en Washington un memorando de entendimiento con el gobierno de los Estados Unidos para la cooperación técnica en cadenas de valor de minerales estratégicos. Asimismo, la delegación oficial del Viceministerio de Minas y Energía promocionó el potencial del país en la convención minera Prospectors and Developers Association of Canada en Toronto, donde consorcios privados comprometieron inversiones de riesgo geológico inicial superiores a los 30 millones de dólares.
A pesar del atractivo de estos recursos, el sector enfrenta desafíos estructurales de gran envergadura tanto en el plano normativo como en la gestión socioambiental. El marco regulatorio paraguayo descansa sobre un régimen anacrónico regido por la Ley 3180 de 2007 y principios originados en el Código de Minería de 1914, los cuales carecen de mecanismos ágiles para la titulación de concesiones y de protocolos de certificación de reservas bajo estándares internacionales como las normas canadienses NI 43-101 o las australianas JORC. Además, la eventual explotación de salmueras en el Chaco exige salvaguardas extremas para no alterar los frágiles acuíferos subterráneos de agua dulce indispensables para la producción agropecuaria regional y las reservas naturales protegidas como el Parque Nacional Médanos del Chaco.
El Poder Ejecutivo y los gremios nucleados en la Cámara Paraguaya de Minería impulsan un proyecto de ley para la modernización integral del Código Minero y la creación del Ministerio de Minas y Energías como ente rector especializado. La iniciativa legislativa busca dotar al Estado de un catastro minero digitalizado, procesos de licitación transparentes con regalías equilibradas y exigencias ambientales rigurosas que garanticen el desarrollo de una minería sostenible. El éxito de estas reformas determinará si el potencial geológico de Chiriguelo y las cuencas del Chaco logra transformarse en una industria formal generadora de empleo técnico y divisas, o si permanecerá como una promesa científica confinada a los mapas geológicos.
