Paraguay destila el 40% del volumen global de petitgrain y concentra en sus zonas rurales la mayor producción mundial de esta esencia.
El impacto de este aceite supera el volumen total fabricado y aumenta en los nichos de mayor valor. Alrededor del 70% del petitgrain empleado en la industria del perfume y de la cosmética procede de Paraguay.
El producto se obtiene por destilación al vapor de hojas, ramas y frutos inmaduros del naranjo amargo. La actividad extractiva opera sobre todo en San Pedro, y se extiende también a Itapúa en la zona de San Rafael, Caaguazú, Canindeyú y Cordillera.
La red de extracción opera a baja escala en estas regiones. Cerca de 10.000 productores trabajan en este rubro en el territorio nacional.
"Se estima que a nivel país existen cerca de 10.000 productores. Las áreas de producción van de media hectárea a 5 hectáreas", precisó Mauricio Amigo, subgerente de exportaciones de la firma Amigo & Arditi.
Dentro de este universo, el Censo Agropecuario de 2008 registró 3.330 fincas abocadas en exclusiva a la cosecha de estas hojas, a partir de los datos que procesa la Red de Inversiones y Exportaciones.
En el primer eslabón de la cadena de valor, los productores cobran un precio de G. 380.000 por kilo de esencia pura a granel, con datos consolidados a 2025. Las firmas exportadoras locales conectan luego esta producción rural con las fábricas en el exterior.
La empresa Amigo & Arditi SA exporta entre el 50% y el 55% del consumo mundial, afirmó en 2024 Mauricio Amigo, subgerente de exportaciones de la compañía.
"Paraguay tiene el mejor petitgrain del mundo y se importa en Francia para la elaboración de la mayoría de los perfumes, pero son limitados. Francia tiene un balance comercial positivo, pero estamos hablando de intercambios al nivel de 120 millones de euros", explicó Pierre-Christian Soccoja, embajador de Francia en Paraguay.
Este volumen de 120 millones de euros abarca el total del intercambio comercial bilateral de bienes y servicios entre los dos países.
La presencia de estos recursos forestales en el territorio paraguayo responde a un registro de 1875. El botánico francés Benjamin Balansa desembarcó en Paraguay en aquel año y documentó la existencia de bosques de cítricos naturalizados al este del río Paraguay.
Un año después, la explotación comercial incorporó nuevos equipos. Balansa diseñó el primer alambique en 1876 para destilar la hoja, lo que marcó el inicio de la industria a nivel local.
Hasta ese momento, la extracción de esencias operaba sobre la flor del naranjo. El diseño del equipo permitió procesar volúmenes de follaje a escala comercial y descentralizó el rubro hacia las granjas de la región oriental.
