Las plantas aceiteras del departamento de Itapúa concentran la exportación de aceite de tung con destino a Alemania, Japón, Estados Unidos y Reino Unido para la formulación de barnices marinos y pinturas para cascos navales. La actividad industrial procesa la cosecha de nuez de Aleurites fordii cultivada en los distritos de Bella Vista, Hohenau y Obligado, sosteniendo un corredor exportador de insumos botánicos para la náutica internacional y la ebanistería fina.

El posicionamiento de esta oleaginosa consolida a Paraguay como uno de los escasos proveedores occidentales de aceite secante frente al predominio productivo de China en el mercado global. Las industrias químicas europeas y norteamericanas recurren al suministro itapuense para abastecer líneas de acabado destinadas a veleros, yates y embarcaciones deportivas que exigen componentes naturales de alta estabilidad.

El valor industrial del aceite de tung radica en su comportamiento secante a poro abierto. A diferencia de los barnices sintéticos derivados del poliuretano o el petróleo, que forman una película plástica rígida sobre la superficie propensa a descascararse por la radiación solar y el agua salina, este extracto vegetal penetra en las fibras leñosas. Su estructura molecular rica en ácido eleoesteárico reacciona con el oxígeno atmosférico y polimeriza dentro de los poros de la madera, creando un blindaje hidrófugo, flexible y resistente a la abrasión marina, el moho y los ácidos.

El procesamiento fabril comprende la recepción de la nuez cosechada en las plantaciones del sur y su prensado mecánico para la extracción del lípido crudo sin aditivos químicos. La cadena de valor integra además un esquema de economía circular mediante el aprovechamiento de la torta residual de tung, subproducto que los establecimientos locales destinan a la formulación de abonos orgánicos y fertilización agrícola en la zona productiva de Itapúa.

En el comercio exterior de insumos náuticos de lujo, los astilleros y fabricantes de recubrimientos de ultramar enfrentan una oferta restringida de secantes botánicos con estándares homogéneos. Si bien China concentra el mayor volumen de extracción en el mundo, sus despachos presentan oscilaciones en los niveles de pureza y estabilidad. Frente a esa variabilidad, el aceite procesado en las plantas de firmas como Oleaginosa Raatz cuenta con homologación y reconocimiento técnico en laboratorios de Europa debido al rigor en sus parámetros de prensado.

"A diferencia de los aceites sintéticos del petróleo, el aceite de tung paraguayo ofrece una impermeabilización y elasticidad natural que la industria naval prémium sigue exigiendo", señalaron directivos de Oleaginosa Raatz y técnicos agroindustriales de Itapúa.

Esta demanda internacional sostiene el arraigo de un polo agroindustrial especializado en las Colonias Unidas, donde conviven la producción agrícola y la refinación fabril. El mantenimiento de las cuotas de exportación asegura ingresos complementarios para los productores del sur y preserva una capacidad instalada orientada a mercados de alta sofisticación técnica.

El cultivo de tung se introdujo en el sur paraguayo a mediados del siglo XX de la mano de colonos inmigrantes, permitiendo al país posicionarse como el segundo exportador global del rubro durante las décadas de 1970 y 1980. Con el avance de los cultivos extensivos de soja y trigo, la superficie implantada experimentó un retroceso, lo que obligó a las industrias locales a reconvertir su modelo de negocio hacia nichos prémium de alto valor agregado.

La supervivencia y vigencia del tung paraguayo se apoya en el endurecimiento de las normativas ambientales en Europa y Norteamérica, donde crece la restricción hacia disolventes derivados del petróleo. La preferencia por soluciones biodegradables y no contaminantes afianza el rol de las plantas aceiteras de Itapúa como socias estratégicas de los astilleros navales internacionales en los próximos ciclos comerciales.