Paraguay cerró el primer semestre de 2026 con un superávit comercial de 746,6 millones de dólares, revirtiendo el saldo negativo registrado en el mismo período del año anterior. Sin embargo, detrás del buen desempeño de la balanza de pagos subyace una particular paradoja geopolítica. El principal proveedor de la economía paraguaya durante este periodo no fue su socio estratégico regional Brasil ni su aliado tradicional Estados Unidos, sino un gigante global con el que la República del Paraguay no mantiene ningún tipo de relación diplomática formal.
De acuerdo con las estadísticas oficiales publicadas por el Banco Central del Paraguay, las importaciones totales del país ascendieron a 9.416,2 millones de dólares, registrando una expansión del 9,6 por ciento en términos interanuales. Dentro de esta estructura comercial, la República Popular China se posicionó en el primer lugar de la tabla de abastecedores al vender mercaderías por un valor de 3.317 millones de dólares. Esta cifra representa el 36 por ciento de todo lo adquirido por el mercado paraguayo en el exterior y supera con holgura los envíos provenientes de Brasil, que sumaron 1.979 millones de dólares, y de Estados Unidos, que alcanzaron los 585,7 millones de dólares.
Este predominio comercial del proveedor asiático no constituye un fenómeno aislado o coyuntural. A lo largo del año 2025, las compras al país asiático ya habían fijado una marca histórica al ubicarse en 6.122 millones de dólares. La introducción de bienes de consumo masivo, tecnología y repuestos industriales, tales como teléfonos inteligentes, neumáticos y maquinaria para el procesamiento de datos, fluye de manera constante desde China hacia Paraguay por medio de las redes de distribución internacionales y de la intermediación de puertos francos, demostrando que la falta de relaciones gubernamentales no impide el funcionamiento eficiente de los canales del sector privado.
La relación de Paraguay con el eje asiático está condicionada por un alineamiento político que se remonta a más de sesenta y cinco años. Asunción es la única capital de Sudamérica que continúa reconociendo oficialmente a la República de China, Taiwán, en lugar de entablar vínculos formales con Beijing. Mientras los demás integrantes del Mercado Común del Sur reorientaron sus diplomacias hacia el gigante asiático para integrarse a sus cadenas de financiamiento público, el gobierno paraguayo sostiene su respaldo a la isla de Taipéi, la cual compensa este alineamiento comprando carne vacuna y porcina paraguaya por valores que rondaron los 342 millones de dólares en 2025.
La brecha diplomática genera una profunda asimetría comercial que se observa en el flujo opuesto de la balanza de pagos. Mientras la internación de insumos chinos en territorio paraguayo bate récords, las exportaciones nacionales directas a la República Popular China resultan marginales, como lo demuestran los escasos 2,95 millones de dólares exportados frente a los 292 millones importados en un mes típico. Al carecer de convenios arancelarios bilaterales y acceso preferencial de mercado, los exportadores agrícolas paraguayos se ven obligados a recurrir a la triangulación de su soja y sus derivados mediante intermediarios y puertos extranjeros para poder ingresar al mercado chino, aceptando los mayores costos logísticos implícitos.
El sector exportador local y analistas económicos sostienen que el mantenimiento de este esquema limita el potencial exportador del sector agropecuario, que debe resignarse a vender commodities sin valor agregado local al destino que más demanda alimentos. Beijing mantiene una firme política de condicionar la firma de cualquier acuerdo de libre comercio o la apertura de mercados al previo desconocimiento diplomático de Taiwán. De esta forma, el empresariado paraguayo sigue asumiendo el costo de una diplomacia pragmática que prefiere conservar los lazos políticos e históricos con Taipéi a pesar del dinamismo y la escala del principal proveedor del país.
