Paraguay ha experimentado una sensible reducción de su hato ganadero en la primera mitad de la década, una tendencia que enciende alarmas sobre la sostenibilidad del sector a largo plazo. Según el análisis de la dinámica pecuaria nacional presentado recientemente, el rodeo bovino del país registró una contracción del nueve por ciento entre los años 2020 y 2025. Esta disminución implicó pasar de 14.026.143 cabezas de ganado a 12.830.123 unidades en dicho lapso, lo que equivale a la pérdida neta de cerca de 1,2 millones de animales en un lustro, un ajuste estructural que no se veía en años en la ganadería local.
El retroceso no se distribuye uniformemente en el territorio y se concentra con mayor fuerza en zonas de alta expansión urbana, agrícola e industrial. Los departamentos de Central y Alto Paraná lideran esta caída con disminuciones del 23 por ciento y 22 por ciento respectivamente. Expertos y técnicos oficiales señalan que detrás de esta merma existe una fuerte competencia por el uso del suelo, en donde actividades como la agricultura a gran escala o los desarrollos inmobiliarios desplazan progresivamente a las pasturas tradicionales. A esto se suman las persistentes sequías que obligaron a liquidar hacienda de manera anticipada, la suba de costos operativos y las dificultades para acceder a financiamiento competitivo.
Este escenario contractivo de la base productiva coincide con un fenómeno paradójico en el comercio exterior de carnes. A lo largo del primer semestre de 2026, las exportaciones de carne bovina sufrieron una fuerte caída del 28 por ciento en volumen, enviando al exterior 132.380 toneladas frente a las 185.143 toneladas despachadas en el mismo período del año anterior. Sin embargo, el ingreso de divisas se contrajo apenas un 14,7 por ciento, totalizando 901,1 millones de dólares. La brecha entre el menor volumen físico y la recaudación final se explica enteramente por el comportamiento de los precios internacionales, que experimentaron un incremento sostenido.
La cotización internacional promedio de la carne paraguaya escaló de forma consecutiva durante el período, amortiguando gran parte del desplome de los despachos. La tonelada promedio de carne bovina cotizó en 6.807 dólares al cierre del primer semestre, superando holgadamente los registros de los meses previos. Esta mejora en los valores de colocación en mercados clave como Chile, Israel y los Estados Unidos disfraza la realidad de una industria ganadera que factura dólares a costa de contraer su propio stock productivo.
La combinación de precios altos y existencias a la baja genera debates sobre el mediano plazo del complejo cárnico paraguayo. Aunque el valor total exportado compense momentáneamente la merma productiva, resulta físicamente inviable sostener el ritmo exportador si el rebaño nacional continúa reduciéndose a este ritmo. El desafío para los productores y el gobierno local consistirá en revertir la liquidación de vientres y reconfigurar la productividad por hectárea antes de que el ciclo internacional de precios altos revierta su tendencia y exponga la vulnerabilidad del rodeo restante.
