La Fuerza Aérea Paraguaya evalúa un salto táctico inédito tras casi cuarenta años sin reactores de combate. Sobre la mesa de negociaciones se encuentra la posible transferencia de cazas supersónicos Northrop F-5 Tiger II y entrenadores avanzados AIDC AT-3 Tzu Chung, recientemente dados de baja por el gobierno de Taiwán.

La incorporación de estas plataformas modificaría de forma drástica el balance regional en el espacio aéreo. Lejos de las versiones virales y erróneas que los califican como aeronaves hipersónicas, los F-5 operan a una velocidad supersónica de Mach 1.63, alcanzando los 1.740 kilómetros por hora. Esta capacidad de interceptación duplica la velocidad de los entrenadores subsónicos K-8W Karakorum que posee la Fuerza Aérea Boliviana, limitados a Mach 0.75, y acorta parcialmente la brecha estratégica generada por la reciente compra argentina de cazas F-16 Fighting Falcon bajo el programa Peace Condor.

Sin embargo, el verdadero obstáculo para la consolidación de esta alianza no reside en la tecnología aeroespacial, sino en el presupuesto operativo. La hora de vuelo de un caza F-5 ronda los USD 5.000, un costo que quintuplica los requerimientos de la actual flota turbohélice de la Fuerza Aérea. En contraste, los aviones Embraer A-29 Super Tucano operan con un costo directo de entre USD 1.000 y USD 1.200 por hora de vuelo, impulsados por motores de alta eficiencia y bajo consumo específico.

Hacer volar una hora a un reactor F-5 insume los mismos recursos que demandan entre cuatro y seis horas de patrullaje fronterizo de un Super Tucano en misiones de combate al narcotráfico. Paraguay ya comprometió una inversión de USD 101,6 millones para la compra de seis unidades del avión brasileño, de las cuales cuatro ya se encuentran operativas desde mediados del año pasado y las dos restantes tienen programado su arribo en agosto de 2026.

La evaluación técnica avanza en simultáneo con la integración de la doctrina internacional de los pilotos paraguayos. El debut de cuatro A-29 Super Tucano en el ejercicio combinado Salitre 2026 en Chile permitió a veintisiete efectivos nacionales operar bajo estándares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, un paso preparatorio ineludible ante la eventual transición hacia un escuadrón de combate a reacción.