El Ministerio de Economía y Finanzas de Paraguay programó una nueva subasta de bonos del Tesoro para el 29 de julio, con liquidación prevista para el 31 del mismo mes, en una colocación que buscará cubrir requerimientos de financiamiento del Presupuesto General de la Nación de 2026. La operación se inscribe en un año de fuerte apetito del mercado local por la deuda soberana paraguaya, un termómetro de la confianza que los inversores depositan en la solvencia del Estado.

La expectativa de la nueva subasta se apoya en el resultado de las colocaciones previas. En la emisión del 25 de junio, el Tesoro captó 974.350 millones de guaraníes, pero la demanda total de los inversores alcanzó 1,205 billones de guaraníes, es decir, un exceso del 24% sobre el monto finalmente adjudicado. Esa sobresuscripción es la señal más elocuente del interés del sistema financiero por prestarle al Estado paraguayo en moneda local y a plazos largos.

El detalle de esa emisión revela dónde se concentra la confianza. De los tres tramos ofrecidos, el bono con vencimiento en agosto de 2035 absorbió 814.350 millones de guaraníes, más del 83% de lo adjudicado, con una tasa de rendimiento del 9,10% anual. Los tramos más cortos, con vencimientos en octubre de 2028 y febrero de 2030, se colocaron a tasas de 7,84% y 8,60% respectivamente. Que la mayor parte de la demanda se vuelque al papel de mayor plazo indica que los inversores están dispuestos a comprometer capital a diez años, una apuesta que solo se hace cuando existe previsibilidad macroeconómica.

Estas subastas forman parte de una estrategia de financiamiento que combina deuda externa e interna. El Presupuesto General de la Nación de 2026 contempla emisiones de bonos por alrededor de 1.300 millones de dólares para el ejercicio, de los cuales una porción se coloca en el mercado doméstico a través de las subastas periódicas del Tesoro. La colocación de abril, la primera del año en el mercado local, había captado 698.000 millones de guaraníes, de modo que cada nueva operación amplía el volumen de deuda soberana en manos de inversores paraguayos.

El trasfondo de esta demanda sostenida es la calificación de riesgo del país. Con el grado de inversión ratificado por Moody's y una relación deuda-producto que se mantiene entre las más bajas de la región, Paraguay puede financiarse en su propia moneda a tasas que resultan impensables para vecinos como Argentina, donde el riesgo país obliga a convivir con costos de endeudamiento mucho más altos. La subasta del 29 de julio será una nueva prueba de que el mercado local tiene liquidez suficiente para absorber deuda pública de mediano y largo plazo sin sobresaltos.